No se puede vivir eternamente mirando al cielo,
pero no podemos dejar de vernos en el, la luz
de tu mirada no seria igual, si no pudiera
compararla con su luz, el calor del sol y tu
calor, mi alegría y la tuya, sin ella no podría
sortear este invierno frío y gris, que para mi
es el olvido.
Solo me queda la melancolía, la lluvia que golpea
el cristal de mi ventana, donde hace poco brillaba
la imponente luz del sol, echo de menos sus rayos,
al despertar cada mañana, ver los atardeceres rojos
y engañarte con el rugido de las olas, cuando voy a
visitar tus escondrijos, para que no te vayas y el
dia no tenga fin.
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